Vergüenza de ser humana

El fin de semana pasado descubrí un rincón de Tenerife desconocido para mí. Me hablaron del Puertito de Armeñime la semana anterior, me dijeron que era un espacio maravilloso para darse un baño, “es como bañarse en Formentera”, así que no nos resistimos a visitarlo. Día de playa con la familia. Nos sorprendió un lugar impresionante, mejor incluso que la descripción que nos habían hecho, una preciosa bahía con acceso al mar desde una playa pequeñita o desde las rocas características de la costa de Adeje. Me pareció volver a los 90, cuando nos íbamos de aventura a esa zona y no encontrabas a nadie, te daba la impresión de que ese paraíso era sólo para ti.

El baño perfecto.
El baño perfecto. Foto: MSA

Caminamos por las piedras rodeando el lugar, encontrando nuevos espacios, otra cala perfecta (creo que la llaman de Las Tortugas), maravillándonos de lo afortunados que somos por disponer de esa belleza a una hora de casa. Ese es lado positivo…

Lamentablemente, hubo un lado negativo. Fuimos conscientes de cómo los humanos lo destrozamos todo. Ese precioso punto de nuestra geografía estaba salpicado de millones de colillas, en cada hueco marcado por la erosión podías encontrar una. En cada cuevita se acumulaban bolsas de basura, que digo yo, si te molestas en recogerla en una bolsa, lo normal sería que la tiraras al contenedor. Cajas de tabaco, latas de refrescos, papel de platina y todo lo que puedan imaginar regado por ese lugar perfecto. Entendimos que es normal encontrar basura allí por los carteles que se repartían por la playa, buen intento pero inútiles.

La basura tiene un lugar, le pedimos que no sea la playa.
La basura tiene un lugar, le pedimos que no sea la playa.

Eso no es todo. Las familias se distribuían a lo largo del paseo de tierra que flanquea la playa con sus tenderetes, barbacoas, sillas, mesas, el plan perfecto para un domingo, pero algunos incluían un pedazo de equipo de música con sus enormes columnas para amenizar la jornada a todos los bañistas, les gustara o no el reguetón. Más contaminación, aunque a la vista de todo lo demás se podría considerar un mal menor.

También nos sorprendió la cantidad de barcos de recreo que entraban en la bahía, muchos, muchísimos, algo llamativo. Investigando sobre el lugar he visto que es un punto habitual para ver tortugas y que con la afluencia de barcos de recreo se están viendo afectadas. Otro sitio privilegiado que estamos destrozando, me da la impresión de que todo lo que tocamos se convierte en mierda. Vergüenza de ser humana, preferiría ser un perro.

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Un comentario

  1. Es triste, pero la mejor forma de que un lugar esté protegido es que nadie lo conozca. Hay que ser egoísta y guardar en secreto las joyas que vamos descubriendo, porque en cuanto compartimos el secreto la joya está perdida. Algún día, espero, la “gente” se convertirá en “personas” y no hará falta tanto secretismo.

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