Lo que está detrás (Dion Blake en la sala Bronzo)

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Se pregunta si detrás del tiempo no existiera un orden lógico (ni siquiera numérico) de los acontecimientos. La trasera de las cosas podría no ser como siempre había creído que era. Si el interior de las maquinarias no fuera tal y como imagina, como las han diseñado los ingenieros, como las han montado los mecánicos, ¿y si todo estuviera formado por una gran metáfora elaborada a base de cartón piedra, maderas, pintura y trazos de grafito o gotas de cola de carpintero? Si eso fuera así, estaría preguntándose a cada instante qué ha pasado con esa lógica de las cosas, con la razonable física de los movimientos, con la que nos imponen en los libros y en el telediario, en los crucigramas y en las tallas de la ropa, en los relojes, en las campanas, en los mapas y en los diccionarios.
Se pregunta qué pasaría si ahora descubre que las actitudes humanas, las caricias imaginadas, los análisis morfológicos y sintácticos de las frases que dicen te quiero, te echaré de menos, te extraño… están fabricados a base de maquetas improvisadas. Y se da cuenta de que estos croquis en tres dimensiones de alas fabulosas son la estructura de todo aquello, de ese caudal de fuerza que hace que cada día nos levantemos, abramos la ventana, lloremos en el coche, exhalemos el humo del último cigarrillo, o respiremos profundamente con la imagen sensorial de sus labios despegándose de los nuestros.dionblake1
En algún momento percibió (no se sabe cómo y es casi imposible, por no decir totalmente imposible, explicar ese cómo) un efluvio profundo, el calor de un aliento temeroso o el frío recorrido de un sentimiento de dolor intenso y se dispuso, en su taller claro, geométrico, simple de maderas y corchos y complejo de formas y texturas, de colores y de grafitos y brillos apagados, a fabricar, elaborar, pergeñar, parir unos (dos o cien) mecanismos que explicaran todo aquello.
Están inacabados, sí, o rotos; esos ingenios no tienen un arte final aparente, porque no reflejan, ni lo pretenden, sino la levedad de lo efímero, la mentira del segundo pasado, la voluptuosa promesa del minuto porvenir. Cada artilugio no es más que el sinsentido de lo que podría haber sido o quizás será. No sabe cuándo parará, porque no sabe a qué emoción corresponde cada mecanismo. Es una continua búsqueda de no se sabe qué.
Esos cuadros, todas sus obras, componen esa gramática ilusoria en la que no hay capítulos para una explicación racional, o empírica, o justificable, y si la hubiera, si alguien la encontrara, sería falsa, impostora, mentirosa.
Los ensayos revientan en pedazos siglos de análisis, de copias del natural, porque ese natural no es más que una apariencia. Lo que está detrás es lo que importa.
Se pregunta cómo es lo que está detrás. Quiere descubrir de qué está formado el suspiro, el ruido interior, la mirada perdida, la lágrima jamás llorada. ¿Cuál es la poética visible de lo invisible o de lo imaginado?
Lo que está detrás es lo que está delante. Y casi nunca lo vemos. Casi nunca nos lo creemos.

 

Pd: Texto para la exposición Framework de Dion Blake en la sala Bronzo de La Laguna, del 16 de septiembre al 14 de octubre de 2016. La sala Bronzo está en la Calle Núñez de la Peña 19 de San Cristóbal de La Laguna, y la muestra se puede visitar de lunes a viernes de 11 a 13 y de 17 a 20 y los sábados de 11 a 13.

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