Los muros

El malpaís (www.elpais.com)
El malpaís (www.elpais.com)

Lo que pensé en aquella estancia de la casa museo de César Manrique en Tahiche es que nadie podría verme desde fuera. Que yo, asomado a esa ventana, me confundiría con el malpaís. Que la casa misma se confundiría con el malpaís. Que el malpaís mismo entraba en la habitación y se hacía pared blanca y lisa. Que todos, casa, isla, lava, César y yo, podríamos ser uno mismo en ese instante y nadie, nadie, podría ser capaz de percibirlo.

No sé si esto era lo que César Manrique pretendió en un principio, que cualquiera tuviera la osadía de perderse en su malpaís. Que una obra que más que humana tiene toda la pinta de ser geológica pudiera hacer llegar a sentir. El poder del mimetismo. Vete tú a saber. Otros lo han intentado averiguar con mucho más jeito que yo (¿verdad, JLeoncioG?).

Si puedo poner algo en el extremo opuesto de aquella emoción arquitectónica es la reciente noticia de que Francia construirá un muro junto a ‘La Jungla’ de Calais para impedir el paso de migrantes. ‘La Jungla’ de Calais es el asentamiento francés en el que unas 10000 personas que huyen del hambre, la miseria y la guerra se hacinan e intentan pasar al Reino Unido vía Eurotúnel. Allí pasan hambre, miseria y algo parecido a la guerra. Lo han llamado ‘La Jungla’ porque supongo que es un nombre más periodístico que ‘La Puta Vergüenza’ o ‘Una Mierda Como Un Piano’. Porque la Unión Europea, premio Nobel de la Paz 2012, ha decidido que, mientras se enfanga en papeleos y burocracias, que es lo que uno hace cuando no tiene ni idea ni ganas de resolver un problema, por lo menos ha de evitar que el problema se vea.

Hacia el lado exterior, los muros serán de hormigón y color gris. Hacia el lado interior que verán los automovilistas y transportistas serán decorados con plantas.

El mimetismo, el mínimo impacto visual, el ridículo llevado al paroxismo. Seamos serios. Seamos coherentes. Dejemos las bellas artes para las bellas emociones y la fría arquitectura para las frías intenciones. Desde aquí pido (sin change.org que valga) que los automovilistas y transportistas vean también el gris hormigón. Que mientras transiten la autopista sepan lo que hay detrás. Y se sientan incómodos. Que si vamos a separar a seres humanos y encerrarlos como bestias lo hagamos al menos sintiendo vergüenza. Que si levantamos vallas sobre ellas haya concertinas que nos interpelen y nos hagan en el alma al menos el 1% del daño que les hace a ellos en la piel. Que si abandonamos al necesitado a su suerte no olvidemos nunca, nunca, que lo hemos abandonado. Que es nuestra culpa también. Que sigue siendo, nunca ha dejado de serlo, nuestra responsabilidad. ¿Qué es eso de disimular con flores y plantas lo que no es más que una puta vergüenza, una mierda como un piano?

Tengamos un mínimo de dignidad incluso en nuestra indignidad.

El país malo (www.elpais.com)
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