Terror en el hipermercado. Horror en el ultramarinos.

Wee Keat Chin @ flickr.com (CC BY 2.0)
Wee Keat Chin @ flickr.com (CC BY 2.0)

La farmacéutica me roba los mangos. La muy guarra.

Se aprovecha de que vive sobre el Hiperdino para saltar como un buitre sobre el mostrador de la fruta. Todos los jueves, cuando llega el repartidor, allí que se planta como una puncha a las nueve y cinco. O antes, vete tú a saber, que igual hasta la muy coneja hace guardia.

Para cuando aparezco yo, sudando lo más grande por la cuesta que tengo desde este lado del barrio, ya tiene cuatro docenas metidas en el carrito. En esos cinco minutos que me cuesta dejar a Pablito en la guarde ya ha arrasado, la condenada. Solo deja en la cesta los chuchurríos, que da sentimiento hasta mirarlos. Y a veces ni esos. Es como Atila pero en gorda.

Pero se va a cagar, como Pepi que me llamo. Porque hoy coincidimos donde Luis y la calé poniéndole ojitos a las gambitas de Huelva. Así que una cosa te digo: aunque tenga que hipotecar tres veces la casa esta que está aquí va a comer marisco todos los martes. Juraíto.

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