De padres e hijos

Que uno en la vida tiene millones de oportunidades de aprender está claro, hay que poner voluntad, algunos lo hacen a la primera y otros tropiezan mil veces en la misma piedra y nunca lo consiguen. Cada etapa nos trae algo nuevo que asimilar y todo llega.

A mí me ha llegado el momento de ver volar a mi hijo, de soltar el cordón umbilical invisible que todavía nos unía y dejarlo ir. Les aseguro que no es nada fácil. Hasta ahora todo dependía de mí, de nosotros los padres, por supuesto el nivel de dependencia va siendo menor con los años, pero todavía sentía muy fuerte ese lazo que me mantenía unida a él en todos los aspectos.

Si lo piensas te das cuenta de que esa unión que viene de acero de fábrica se va haciendo más liviana con el tiempo. Al principio te necesitan, con todo lo que implica esa palabra, alimentarlos, consolarlos, mantenerlos cómodos, darles calor, darles amor…

Stand by me
Stand by me

La primera vez que lo ves irse al colegio tan feliz, se te hace un mundo pensar que vas a pasar cinco horas sin él, sin saber qué hace, con quién habla o a qué juega.  Te encantaría verlo por un agujerito. El tiempo que pasas con él, con los años se va haciendo menor,  lo ocupan sus estudios, sus actividades extraescolares, sus amigos. Luego llega la época en que no quiere hacer nada contigo y tú lo flipas. Pero está claro que es lo natural y que la naturaleza es sabia y nos prepara para lo inevitable, algún día saldrán del nido.

Aunque lo sepamos, aunque tengamos clarísimo que ese día va llegar, cuando llega, ¡buff! Es una mezcla de orgullo y alegría de saber que tiene las herramientas necesarias para seguir su camino sin ti y una pena terrible por no poder estar ahí compartiendo todo lo que ocurre en su vida. Ahora casi somos nosotros los que dependemos de ellos. Aceptarlo y apoyarle es un acto de generosidad y de valentía, pero cuesta. No hablar con él a diario, no conocer en persona a sus nuevos amigos, no saber si está dedicando el tiempo necesario a sus estudios, no verlo jugar sus partidos más importantes. El paso de estar en su vida al cien por cien, o más bien, de que él esté en tu vida, a disfrutar de tu hijo un diez por ciento es duro, te ayuda saber que es lo mejor para él y que, aunque nuestro lazo sea más ligero y dúctil, sigue siendo tan fuerte como el acero.

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