Azares

Scott Rettberg @ Flickr. com (CC BY-SA 2.0)
Scott Rettberg @ Flickr. com (CC BY-SA 2.0)

Llega a mis manos un artículo de WIRED, firmado por Elise Craig, que analiza las últimas tendencias en cuanto a las webs y aplicaciones de móvil para el asunto del ligoteo.

Ahora resulta que Tinder, OkCupid y el resto de opciones generalistas se han quedado anticuadas y que los usuarios del Nuevo Mundo han entrado en una espiral de hiperespecialización. Según Craig, en los últimos años han ido naciendo aplicaciones para buscar pareja entre nichos sociológicos cada vez más definidos y personalizados. Aquí van los ejemplos que aporta la autora:

  • Align permite filtrar por signo del zodiaco.
  • En TrekPassions se desmelenan l@s amantes del capitán Spock.
  • Si te ponen l@s vegan@s, busca en Veggiemate.
  • Si te ponen l@s fumet@s, busca en My420Mate.
  • Alt@s buscan alt@s en Tall Friends.
  • Y en Bristlr todos los candidatos son barbudos.

Sostiene Craig, y yo comparto, que esta tendencia «no es nada adorable. En el mejor de los casos, es narcisismo; en el peor, una especie de endogamia que en el caso de las aplicaciones más exclusivas se parece sospechosamente a la eugenesia».

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Sin embargo, no todo está perdido.

Hace cosa de un mes tuve la oportunidad de probar una aplicación para compartir vehículo. En mi primer trayecto, el conductor era un chaval madrileño amante de los coches, que apuntalaba sus ingresos mensuales comprando y vendiendo vehículos de alta gama. En el segundo manejaba un futbolista retirado que a pesar de tener serios problemas con la conjugación de los verbos estaba luchando por sacarse unas oposiciones de maestro. Sus respectivos acompañantes eran una novia pija y sobremaquillada, una niña bien a la que esperaba una farmacia propia y un hipster que perdía la cabeza por los cómics del Capitán América.

Fue entonces cuando caí en la cuenta de que la tecnología en sí no deja de ser una herramienta. Que aislarse o abrirse al mundo son decisiones que no dependen de la versión de Android de nuestro teléfono, sino de la voluntad consciente de salir de nuestra zona de confort. Y que el azar, ese duende travieso, todavía podría conseguir que un pepero recalcitrante y bajito se enamorase de una altísima vegana fumeta en una autopista cualquiera.

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