En esta vida o en la otra

nos-vemos-en-esta-vida-o-en-la-otra-manuel-jaboisZENDALIBROS

El otro día terminé de leer “Nos vemos en esta vida o en la otra” de Manuel Jabois. Jabois se ha convertido de un tiempo a esta parte en mi columnista de cabecera: tiene más o menos mi edad, es merengue irredento y me encanta cómo escribe, que es lo que importa. El libro cuenta la historia “aburrida, perdida y verdadera” de Baby, el primer condenado por los atentados del 11M. La historia de un menor de edad envuelto en el banal trapicheo de hachís que transita hacia el banal trapicheo de explosivos que desemboca, banalmente, en el asesinato de 191 personas (más otra unos días después) el 11 de marzo de 2004 en Madrid. No disfruté esta lectura tanto como alguna de sus columnas, pero la historia merece la pena.

O al menos para mí la merece. Puede ser porque yo, pasado todo este tiempo, sigo sin terminar de digerir la tragedia. Muchos aspectos de la misma. Yo soy de aquellos tontos que, el día antes de las elecciones, seguía manteniendo que el atentado era obra de ETA. ¡Lo había dicho en comparecencia oficial el ministro de Interior con los cadáveres aún calientes! ¿Cómo va a mentir de esta manera? ¿Y por qué? ¿Por ganar unas elecciones? ¿En esas estamos?

En doce años no han cambiado tantas cosas. De aquel gabinete ministerial del Gobierno del PP, en sus diferentes etapas, han repetido en esta última legislatura Rajoy, Cañete, Montoro, Pastor, Posada y Villalobos. Arenas y Aguirre por ahí siguen, mandando en el partido. Partido que honoríficamente preside José María Aznar. Nadie pidió perdón por la mentira, por la indigna, desgraciada, asquerosa y luego comprobada mentira. No se disolvió el partido entre abucheos, no se escondió nadie (ni siquiera en un consejo consultivo de una eléctrica) a subsistir el resto de sus días sin volver a asomar la cabeza. Todo sigue más o menos igual.

Tiene que haber sido duro abogar por el individualismo frente al colectivismo, la confesionalidad frente al laicismo, la propiedad privada frente a la propiedad pública de ciertas actividades económicas, la igualdad de oportunidades frente a la igualdad de resultados, el tradicionalismo frente al reformismo social, el conservadurismo frente al progresismo (que es lo que la Wikipedia define como “derecha política”) y no poder votar en España más que al Partido Popular. Puedes pasar por alto que todos los tesoreros del partido han estado imputados y/o encarcelados, el dinero corrompe. Puedes obviar los casos Gürtel, Púnica, Taula, Cooperación, Acuamed, Imelsa, Naseiro, Palma Arena. Al fin y al cabo si los separas con puntos en lugar de con comas no dejan de ser casos aislados. Lo puedo llegar a entender. El juego político da muchas vueltas y todos pueden salir salpicados. Puedes disculpar las mentiras, la incompetencia, incluso el juego sucio, porque son los tuyos, los quieres y a veces hay que hacer de tripas corazón.

Mi problema no es con la derecha. No comparto sus ideales, pero no llega hasta ahí mi estómago. Mi problema, visceral, lo reconozco, es con el PP y las reglas supremas del Cosmos. Esas que vienen a decir que no todo vale. Ni en esta vida ni en la otra (si es que la conseguimos alcanzar).

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