Homenaje

– ¿ Te atreves? – Me atrevo, le contesté yo segura y a la vez aterrada por dentro. Ese año conseguimos subirnos en todas las atracciones del parque, incluida la “Casa del Miedo”, mi experiencia en la misma nunca era buena, siempre que me subía cerraba los ojos y me acurrucaba bajo su brazo, bajo su protección, allí nada me podía pasar. Yo quería que él estuviera orgulloso de mí, quería ser su princesa valiente, pero realmente estaba asustada.

Dicen que las niñas sienten más adoración por sus padres que por sus madres, en mi caso era del todo cierto. Mi padre era mi héroe cuando yo era niña, con él todo era diversión y novelería, bueno…casi todo, si me tenía que poner firme o darme una nalgada lo hacía, y no, no estoy traumatizada por ello. Recuerdo con cariño aquellos días en los que nos íbamos de excursión con el coche por el Bailadero pa’rriba, mi mejor amiga Marta y yo nos poníamos de rodillas mirando por el cristal trasero y cantábamos caciones de Mecano mientras mi padre cogía las curvas con relativa brusquedad para tumbarnos a un lado y a otro y hacernos reír en un vaivén sin fin. Fueron buenos tiempos.

Después, tras la separación, todo cambió; las cosas se volvieron complicadas, mi padre estaba más triste y taciturno, la situación parecía que le superaba. La relación entre nosotros se deterioró por muchos motivos y mis sentimientos hacia él fueron contradictorios, las eventualidades que se dieron durante esos años nos alejaron. Aunque él siempre estuvo de una manera o de otra, no podía evitar sentir cierta sensación de abandono, la falta de la figura paterna se notaba, esa sensación de abandono a dia de hoy me sigue atacando de cuando en cuando, como un recuerdo que duele y que me provoca muchas veces inseguridad a pesar de todo el tiempo que ha pasado y de que ya soy adulta.

Ya hace mucho que hemos recuperado la buena relación, que me vuelvo a sentir protegida en sus brazos. Lo admiro y estoy orgullosa de él, siempre ha luchado por salir adelante y tiene una capacidad de autoaprendizaje y de superación digna de admirar. Siempre me demuestra que me quiere y ante todo me respeta y me deja tomar mis propias decisiones, aunque me equivoque, sabe que cada uno tiene que cometer sus propios errores y aprender de ellos.

Hoy cumple 62 añitos y me pareció que esta seria una bonita manera de homenajearlo. Aprovecho la ocasión para desearle un muy feliz cumpleaños y darle las gracias por darme la vida, ayudarme a ser mejor persona y en definitiva por quererme de manera incondicional, con todos mis fallos.

Solo espero poder seguir compartiendo con él, durante muchos años más, momentos de complicidad y copas de vino en esa terraza que tanto me gusta.

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