Siempre[en]medio al desnudo (XI): Cristosú, un ADN especial

Aunque su par cromosómico 23 fue XX, siempre he pensado que Cristosú nació con un ADN especial. Su genética debió incluir algún elemento que no atino a averiguar, uno que le ha permitido toda la vida defender y amar a los animales hasta un punto -ella misma lo reconoce- un tanto obsesivo. Y cuando hablamos de animales los incluye a todos, porque acepta incluso salvar con cierto asco a mosquitos y otros insectos semiahogados en vasos de agua. Ya lo contó ella misma magníficamente en este post que tituló ‘Una tontería’.IMG_0246

Se llevó el disgusto de su vida cuando el ginecólogo le dijo en su primer embarazo que no había pasado la toxoplasmosis y que ni se le ocurriera estar en contacto con gatos. Pero su Katy llevaba con ella muchos años y no pensaba darle puerta ahora por que llegara a la familia un bebé, Lucía. Así que hizo caso omiso al profesional y arriesgó. La jugada le salió bien y sé que respiró aliviada, aunque dos meses antes de dar a luz, Katy, ya muy viejita, se marchó.

La familia animal de Cristosú era aún más grande. Años antes de la muerte de Katy habían llegado a su vida Boby y Mini, dos perritos hermanos que necesitaban una familia por unos días. Y claro, cómo iba ella a separar a dos hermanos. En su fuero interno sabía que esa acogida temporal se convertiría en definitiva al segundo de verles los hocicos. Han pasado ya 15 años desde aquello y ahí siguen, llenándole la vida.

Ayer por la mañana vi su correo electrónico con la foto que acompaña este texto, precisamente con Boby y Mini. (Me va a matar cuando vea que reproduzco sus palabras de forma literal, pero creo que resumen perfectamente otra de sus cualidades: su fino sentido del humor).

Con mucho retraso, ahí va mi foto, como siempre, perfectamente peinada. Siento no escribirte un texto, pero me cuesta mucho. Además, me falta tiempo hasta para pensar, pero qué te voy a contar a ti. A ver qué se te ocurre y no te pases, que lo de la exaltación de la amistad lo dejamos para cuando nos cojamos una tranca juntas. Un beso.

Yo no puedo ni quiero ser objetiva con Cristo. Tuve la suerte de conocerla gracias a esta profesión que compartimos muchos de este blog, viví muchas horas de trabajo con ella, que es donde siempre digo que se conoce de verdad a la gente. Y casi desde un principio mantengo que emprendería cualquier aventura profesional con ella, lo tengo tan claro… Generosa por encima de todo, ondea la bandera de la justicia donde quiera que vaya, defendiendo siempre las causas perdidas, a los más débiles, incomprendidos, locos, excluidos… Pero además es una buena profesional, exigente pero justa.

Tenemos pendiente esa tranca de la que hablaba en su correo, pero el día a día nos come y cuando nos vemos es tal lo que necesitamos alegar, que para qué perder un solo minuto calladas mientras bebemos. (A ver si en unos días podemos echarnos esas copas pendientes; por lo pronto yo ya tengo la pamela para la ocasión).

 

 

 

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