Instrumental

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Vengo a hablarles de un libro que sí he leído, para que después se quejen. Lo he leído con fruición y dolor, ambas sensaciones por igual. Todas las críticas que he visto sobre Instrumental, que no son pocas, se han quedado en la parte escabrosa del asunto recalcando que no querían quedarse en lo escabroso.

“La música clásica me la pone dura” empieza diciendo Jamen Rhodes, este pianista británico con pinta de sociópata y que lleva tatuado Sergei Rachmaninov en cirílico en su antebrazo. Yo llevo tatuado también el nombre de un pianista en mi brazo y la música clásica siempre me la ha puesto dura, así que conectamos enseguida.

Lo violaron a los 5 años, en el libro da todos los detalles de su infierno, se metió todas las drogas inventadas en el universo, intentó suicidarse y estuvo internado en un psiquiátrico varias veces. Pero el punto es que eso no es lo que más me importa de este relato, porque historias de superación hay a montones, y muy buenas. El tipo es un crack, muy tarado (y él lo reconoce), pero lo importante es que está enamorado de la música clásica.

Y plantea un panorama de la música clásica que yo llevo defendiendo hace años: la clásica es para todos. Beethoven le salvó la vida a Rhodes. A mí me la salvó y me la sigue salvado Chopin, Rachmaninov, y todos los rusos en general. La clásica hay que sentirla, y para eso no necesitas armonías ni pentagramas. Necesitas corazón. La clásica no es para un determinado estrato social, no es elitista ni rica. La clásica no es racista ni xenófoba, ni debe quedarse en los teatros. Mozart se partiría la caja viendo cómo consumimos sus obras. Nos daría una patada en el culo y nos llamaría gilipollas. Y con toda la razón.

Rhodes no pasó por conservatorios ni se pone frac para tocar en los conciertos. Su Chacona de Bach es sublime, no porque la toque a la perfección, sino porque lo hace con las tripas. Y eso es lo que hay que hacer con la clásica.

Antes de ir al terapeuta escuchen el Concierto nº2 de Rachmaninov y verán cómo la cosa cambia.

Gracias Rhodes por verbalizar lo que llevo años pensando. Me gustas tío, me gustas mucho.

Aquí les dejo la lista de Spotify con las recomendaciones de tipo. Si la terapia les funciona, déjenmelo en comentarios.

 

 

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Un comentario

  1. […] “La vergüenza es el legado que dejan todos los abusos. Es lo que garantiza que no salgamos de la oscuridad,y también es lo más importante que hay que comprender si queréis saberpor qué las víctimas del abuso están tan jodidas”. Es importante señalar que tanto la vergüenza, como la culpa y la victimización operan como recompensas cerebrales, y una vez establecidas el traumatizado seguirá intentanto preservarlas a cualquier precio. El diccionario define la vergüenza del siguiente modo: ‘Una dolorosa sensación de humillación o congoja causada por la conciencia de haber actuado mal o con insensatez’.Y esta definición me parte un poco el corazón. Todas las víctimas consideran en determinado momento que lo que les han hecho son actos malos e insensatos que ellas han cometido. A veces, si tienen muchísima suerte, pueden darse cuenta y aceptar a un nivel profundo que se equivocan, pero normalmente se trata de algo que en el fondo siempre creen, que siempre creo, que es cierto. Dicho de otro modo:alguien puede hacerte un daño que tu mismo has cometido. El silencio forzado.-  El perpetrador quiere olvido, silencio y secreto, la victima puede guardar el secreto hasta 30 años después, algunos incluso toda una vida: “si olvido algo, este algo nunca sucedió”, es la amnesia disociativa, la necesidad de olvidar. Dice Rhodes a propósito de su secreto: “Si pasas el tiempo suficiente pensando que si revelas tus secretos morirás,al final te lo acabas creyendo. Si un violador le repite a un niño de cinco años que le van a pasar cosas espantosas si se lo cuenta a alguien, eso se asimila sin ser cuestionado, se acepta como si fuera una verdad absoluta. Y yo se lo había revelado a alguien y ahora el reloj había comenzado a correry se agotaba el tiempo, y estaba más jodido de lo que jamás había creído posible. A todos los efectos prácticos, me había convertido en un niño de cinco años que fingía ser un hombre de treinta y uno, indefenso,sin capacidad de disimulo a la que recurrir, que no conocía ninguna salida y solo podía seguir hacia adelante.” Es interesante señalar que un terapeuta no debe hacer nunca preguntas directas sobre el trauma y debe dejar que sea la victima quien elija contar, no contar o cuando contar su episodio traumático. A veces incluso en un tratamiento largo no sucederá nada, el paciente no nos contará lo sucedido pero nos dará las suficientes pistas como para suscitar nuestra curiosidad y probablemente excitar nuestra morbosidad. Querer saber los detalles de una violación (pues de una violación se trata y no de abusos sexuales) es retraumatizar al paciente, volverlo a violar, esta vez con las palabras. Escuchar a un psicotraumatizado requiere de una enorme cantidad y cualidad de empatía para no añadir aun más desolación al relato. Ciertas intervenciones como esta son abyectas: “La primera amiga de la familia a la que le conté lo de los abusos me conocía de toda la vida. Yo tenía treinta años cuando se lo dije,y, literalmente, lo primero que me soltó fue: -Bueno, James, eras un niño preciosísimo. Más pruebas de que esto lo causé yo. Eran mis coqueteos, mi belleza, mi dependencia, mi libertinaje, mi maldad, lo que les obligaba a hacerme esas cosas”. Ternura y sexualidad.- Una de las consecuencias – a largo plazo- que tiene el abuso de un niño es una confusión permanente entre el deseo sexual (propio o ajeno) y la simple simpatía, ternura o cariño. Cada vez que sienta esa corriente de simpatía hacia alguien o bien de alguien hacia él, se excitará sexualmente. Se confundirá de registro y podrá “pasar al acto”. Buena parte de los pederastas o perpetradores tiene tambien esta confusión, pues ¿no es cierto que muchos de ellos suelen decirnos: “él o ella me provocó, los niños nos seducen, les gusta”o bien “se lo estaba buscando”. Las víctimas sin embargo están convencidas de que lo que les sucedió es algo malo y si les sucedió algo malo es porque ellos son malos y son- por extensión- tambien malos todos aquellos que son impuros, aquellos que han tenido sexo adolescente de forma consentida por ejemplo. El propio Rhodes nos explica como funciona la mente de un superviviente de violación infantil: siempre cosntruyendo relatos interiores de expectativa de engaño, de celos y de obscenidades. Es como si deseara que todo lo que imaginó ocurriese. es como estar convencido de que ha sucedido en realidad. No hay ninguna diferencia entre lo que se pensó y la realidad. Rhodes nos da asi pistas para entender las celotipias. Ser la pareja de un victima es muy complicado pues cualquier goce será siempre clasificado como prohibido, como producto de un vicio, de una perversión abyecta. Rhodes nos cuenta como cuando llora tiene una erección, como si hubiera un vinculo secreto entre lo que sintió mientras era violado y la excitación sexual que la violación por si misma le deparó. Los dos sentimientos se fundieron en uno sin posibilidad de discriminación pues ambos se forjaron sin solución de continuidad, el dolor de la penetración anal provocó una desrealización y en la memoria de Rhodes quedaron ambos estimulos fundidos para siempre: una condensación de goce: culpa, dolor, placer, sentirse muy especial y el asco y la autodevaluación. No cabe duda de que existe la posibilidad de que los abusos sexuales provoquen en un niño ciertos fenómenos comprensibles, un niño timido, apocado, delgado y aislado de sus compañeros de clase puede agradecer las preferencias y la dedicación de su profesor perppetrador. “Nuestras miradas se encontraban con facilidad y frecuencia, cuenta Rhodes”, pero lo que para el niño era una busqueda de cariño para el profesor de gimnasia era una seducción en toda regla que atribuía al niño. Una confusión de registros. El silencio forzado de las victimas puede ser comprensible pero la negación que llevaron a cabo familiares, alumnos y el resto de profesores es dificilmente explicable, tanto más cuandoJames Rhodes cambió totalmente su personalidad durante el tiempo en que fue victima de reiteradas violaciones, nadie sospechó nada, ni su debordada madre llegó nunca a pensar que algo grave le estaba apsando a su hijo. Solo una profesora se dedicó a perseguir el asunto cuando comprobó sangre en las pantorrilas de James hasta quepor razones academicas fue apartada del grupo. Siempre pensó que algo le estaba pasando aunque según su porpia declaración nunca pensó en un ataque sexual. Una vez más los testigos inocentes miraron hacia otro lado. Todos los abusos se dan en entornos de poder, en primer lugar en la familia (de padres a hijos),después en el colegio (de profesores a alumnos o entre alumnos) y más tarde en el trabajo (de jefes a empleados). Alli donde hay relaciones de poder es donde podemos encontrarnos abusos de poder y el propio Rhodes nos hace pensar en esta cuestión que muchos de nosotros, los médicos no tenemos en cuenta a la hora de relacionarnos con nuestros pacientes.No somos demasiado conscientes del enorme poder que un médico tiene sobre un paciente si bien es cierto que los pacientes tambien ostentan el poder de la enfermedad. Sería ingenuo ignorar que la enfermedad confiere tambien un enorme poder y que la victimización tal y como contaba más arriba es una recompensa cerebral que si ha pervivido como conducta social es por el éxito que tal estrategia ha tenido evolutivamente. Musica para psicotraumatizados. El Spotify de James Rhodes. […]

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