A los seguidores de las fiestas populares

Llega el mes de mayo y comienza el calendario de fiestas populares. En nuestro país muchas de ellas, 16.000 según organizaciones como Igualdad Animal, utilizan animales dentro de las actividades programadas. Muchos de los que acuden a los festejos participan en los mismos desde niños y, ya de adultos, llevan a sus hijos a continuar la tradición familiar. Es a ellos a quienes quiero dirigirme hoy, porque creo que disfrutarían, de igual forma, si en familia acuden a una fiesta en la que los animales no sean los tristes protagonistas. Pienso que es normal el sentimiento de amor hacia un pueblo y sus tradiciones, pero también creo que esa alegría que experimentan en la fiesta la sienten porque recuerdan con cariño las horas pasadas con sus familiares, con los habitantes del pueblo y los visitantes, con la ruptura de la rutina. Pero lo mismo pueden sentir sin que un animal padezca el miedo al ver cómo de sus cuernos de repente surge el fuego, o una horda de humanos lo persiguen. Creo que la diversión puede continuar sin que los seres humanos lo mantengan cargando carretas todo un día, hasta que el sol y el cansancio le quiebra la voluntad. Les pido a esas personas que gustan de las fiestas populares que exploten su creatividad y, sobre todo, que cierren los ojos y se imaginen a ese animal apenas naciendo. Que piensen que disponen del lugar adecuado para albergarlo y que cada día van a alimentarlo, para encontrarse con que ese ser vivo se alegra de verlos, espera con impaciencia el momento en el que el humano viene con agua, comida y una palabra de cariño. Imaginen que lo ven crecer y que muchas veces se han plantado ante él para contarle ese problema que no hay humano que entienda. Piensen, por un momento, que ese ser que han criado, al que han visitado cada día, es acorralado, que siente miedo porque los desconocidos lo azuzan, que de pronto ve cómo sus cuernos desprenden fuego. Piensen en ese ser que activa su instinto de supervivencia porque se ve en peligro y vean a ese animal, en toda su perfección, que una vez fue muy pequeño y necesitó de sus cuidados, muerto, entre los gritos de diversión de un pueblo. Abran los ojos y díganme si no prefieren querer a un animal más que destruirlo.

Como sugerencia, les presento aquí al toro Fadjen y a la asociación a la que da nombre…

 

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