La verdad tras una gran posdata

3fd45e2a-8ee6-43f5-8585-396bd0ede48cHace unos días, mi colega Carlospu, colaborador de esta casa, escribía esta magnífica entrada: “Donantes”.

No hay nada que cuente este chico, investigador en el laboratorio de Cáncer del Desarrollo de la Fundació Sant Joan de Déu, que no me emocione. Que no me remueva las entrañas. Y esta vez no ha sido diferente. Porque en un alarde de estilo no buscado (y lo digo así por la sencillez del texto, que él es un artista en esto de la pluma elegante), ha puesto el titular en la post data. Deberían, antes de seguir, leer su entrada para entender esta especie de alegato, queja amarga, dolor silencioso que atraviesa a tantas y tantas personas que se dedican a investigar y a tantas y tantas que apoyamos sus reivindicaciones. Léanlo y luego sigan.

“Donantes”

¿Ya? Pues estarán de acuerdo conmigo en que el titular está en la post data, ¿verdad?

“P.D.: ¿No es el peso (70%) de estas donaciones el síntoma de una financiación pública deficiente? ¿Del desinterés de nuestros gobernantes por la ciencia? Sin duda. Pero de eso, quizá, hable otro día”.

Tras leer la forma en que consiguen el 70% de su financiación para seguir investigando, a mí, como ciudadana que entiende que uno de los mayores actos de solidaridad es contribuir al avance de la sociedad pagando impuestos que impulsen el bien común, se me cae la cara de vergüenza. Se me cae la cara de vergüenza por todo lo que esconde este mensaje, positivo y desalentador. Hay personas que pagan dos veces: una, con sus impuestos, y otra con donaciones.

¿Dónde está el cambio de modelo productivo, el que nos iba a llevar al conocimiento como pilar de crecimiento? ¿Qué más malditas pruebas necesitan, desgraciados?* Ah, que no es que no lo sepan. ¡Es que no quieren hacerlo! Porque no hay dinero, dicen…

Mientras, a Rita Barberá no se le va a investigar hasta después de las elecciones. Bárcenas, Puyoles, Ratos, Cotinos, Alonsos y Marotos, Condes, Urdangarines, Torres y demás sinvergüenzas. La corrupción se lleva dinero de todos los ciudadanos, dinero que debería estar en esos laboratorios, en la educación y en la sanidad (mucho, muchísimo dinero, nuestro, no de ellos). Cuántas camas de hospital perdidas, cuántos contratos que ya nunca se harán, cuántas investigaciones truncadas, cuántas calefacciones de colegios sin gasoil, cuántas putas privatizaciones más (robos a mano armada) tendremos que soportar… Yo ya los maldije cuando todo esto empezó, y ojalá esa maldición se traduzca en juicios y penas de cárcel. Que devuelvan lo robado. Que nunca más en este país quede impune un robo de tamañas magnitudes. Cuánta rabia, señoras y señores. Cuánta rabia pura. Y, como llevo ya unos años diciendo, “No voy a olvidar“.

 

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