El arte de enganchar

Cuando era pequeña jugaba con mis hermanos a los anuncios, yo creo que alguna vez lo he contado por aquí,  debíamos adivinar el producto antes de que lo dijeran en el spot. Siempre he pensado que ahí comenzó mi vínculo con ese mundo. Me apasiona la comunicación y éste área en concreto mucho más. Quizá fue porque viví los años dorados de la publicidad en España, cuando los canales de televisión le dedicaban programas enteros que veía una y otra vez. Tal vez es porque no había mucho donde elegir,  la 1 o la 2, así que la publicidad en esa época era un soplo de aire fresco, era la parte divertida de la programación.

Luego llegaron las cadenas privadas y con ellas la saturación, bloques interminables de anuncios cuando faltaban dos minutos para el desenlace de la película, eso le valió para acumular miles de detractores.

En esta última etapa, ha tenido que sobrevivir luchando contra el mando a distancia, las posibilidades que da ese artilugio para  evitar los anuncios son infinitas, somos capaces de ver dos películas a la vez o dejarnos llevar cambiando de un canal a otro tanto como dure el espacio dedicado a los spots.

Aun así, a lo largo de todo este último periodo hemos sido testigos de grandes joyas publicitarias. Los profesionales no han desistido en su empeño de sorprender al espectador y se siguen reinventando día a día. Es un ejemplo de cómo una profesión se puede adaptar a los tiempos y no enfrentarse a los avances sino sacarles ventaja. Les digo que es un mundo alucinante, no es fácil conectar con el consumidor en nuestros días, pero todavía lo consiguen.

Si nos paramos a observar la publicidad actual, nos daremos cuenta de que en esta época que estamos viviendo lo que prima son los sentimientos. Conmover al público funciona, por eso nos cuentan historias, eso que los especialistas llaman “storytelling”, es un estímulo que nos hace responder al instante. Los cuentos han estado en nuestras vidas desde la niñez, es algo natural, socialmente aceptado, que no nos causa ningún rechazo y un filón para los publicitarios.

Son muchos los ejemplos, desde la lotería de Navidad hasta los anuncios de P&G por el Día de la madre o de Campofrío, ellos saben tocarnos la fibra como sólo lo podría hacer un especialista. El último spot que me ha cautivado es el del 70 aniversario de La Quiniela, una de esas joyitas publicitarias que llega directamente al corazón.

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