Siempre[en]medio al desnudo (VII): Pablo Barber, ese señor

René Magritte
Flipante el parecido de Pablo Barber con el personaje de Magritte, ¿verdad?

Pablo Barber es un misterio. Cuando les pedí a mis compañeros y compañeras de este blog la breve bio y la foto para esta serie, las ansias por conocerlo me podían. Me dijo a través de Facebook que tenía que reservar su identidad, que era un testigo protegido, un superhéroe de la CIA, o algo así (¡flipa!), y que lamentaba no poderme decir quién era. Así que mi gozo en un pozo, pero lo de ser testigo me trajo a la mente a Chus Lampreave, la testiga que no podía mentir, y se me dibujó una sonrisa en la cara. Igual Pablo Barber es el alter ego de la gran Lampreave.

A Barber le gustan las manzanas. Lo ha dejado claro en su foto, elegante él. Bonita corbata, por cierto. Aun sin conocerlo, yo soy una persona de palabra y hago honor a la verdad. ¿Qué es la verdad? Pues para mí, en este caso, la verdad es lo que cada uno dice de sí mismo. Con lo que quién soy yo para manipular su bio (solo he recortado un poco, porque no entendió lo de dos parrafitos, ¡pobre!).

No soy quien digo ser. Nací en un sitio, pero he vivido en muchos, así que no tengo definida mi procedencia ni nacionalidad. Y eso me gusta. Rozo los 40 años, pero no los aparento ni física ni mentalmente, porque soy altamente infantil. Y eso me gusta.

Aquí viene eso de la CIA, qué flipe…

Trabajo como superhéroe para la CIA, pero me he tenido que buscar una tapadera, y hago como que trabajo en universidades, que doy conferencias, escribo artículos y hago periodismo. Pero repito que esa no es mi verdadera identidad.

He sido hippie, punk, ahora tengo mis flirteos con lo hipster, con toques pop, pero no es porque haya cambiado de gustos, no, es porque me pongo lo que me compra mi chica. Estoy enamorado. Y eso me gusta. Tenemos una hermosa relación que aireamos en Facebook y nos importa un nabo que la gente nos diga: qué pesados son ustedes. Sí, lo somos. Pesados. Y felizmente enamorados. Y nos gusta. Nos gusta porque en mi miserable vida imaginé sentir lo que siento todos los días.

Agüita, alucino, un superhéroe romántico… deben quedar pocos.

Creo en Jesús. Pero no en el que ustedes piensan, sino en mi Jesús, mi padre. Él es mi Dios, mi guía. Él ya no está, y aún siento demasiado dolor para decir que el tiempo lo cura todo. Pero aspiro a que ese momento llegue. Por lo demás, soy agnóstico practicante.

Cuando no estoy salvando gaticos de los árboles y presidentes de una inminente muerte en la Casa Blanca, trabajo en convergencia mediática, me gusta analizar la sociedad de la información, cómo ha cambiado la comunicación y cómo hacer esa comunicación más efectiva y provechosa. Pertenezco al sindicato de superhéroes, así que mis afecciones políticas, en general, van más para uno lado que otro. Pero a la hora de trabajar no discrimino: salvo igual a los de derechas que a los de izquierdas.

Tengo sobrepeso y canas, algo que no está permitido para un superhéroe, y por eso no puedo poner una foto mía. Me podrían reconocer. Y tendría que matarlos.

Pues nada, que Barber sigue generando intriga. Igual le compro una nueva corbata y le mando por Facebook un mensaje para dársela, a ver si así le veo el hocico, si no se pone celosa su novia, claro.

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