Canas

"Jack on His Deathbed" (La Petite Claudine @ Flickr.com / CC BY-SA 2.0).
“Jack on His Deathbed” (La Petite Claudine @ Flickr.com / CC BY-SA 2.0).

Arturo Priégano, de natural un tipo seco, floreció el día en el que se descubrió dos canas en los huevos.

Aquel sublime memento mori, revelado al inspeccionar una diarrea explosiva, le enfrentó a dos verdades indiscutibles. La primera, que el afuega’l pitu no casaba bien con su estómago, sobre todo en la cena. Y la segunda, que la negrura pestilente que contemplaba en el fondo de la taza era un aperitivo de la que le esperaba dentro de no mucho.

Por aquel par de alambres grises, retorcidos como los colmillos de un jabalí, Priégano quemó el carné del partido. Se hizo vegano y abstemio, descubrió la atención plena y volvió a sembrar la huerta de sus abuelos. Tramitó un divorcio elegante, comenzó a llamar de nuevo a sus hijos, sembró su solapa de multicolores lazos solidarios.

Arturo Priégano, de natural un tipo seco, vivió un retiro dorado hasta que el cáncer le desgarró las entrañas mediados los setenta. Una noche pegajosa, asomado de nuevo al inodoro, observó dos goterones de sangre abrazando a su entonces bien proporcionado rolete.

Presintiendo un aliento negrísimo en el cogote, recordó aquella otra noche en la que, treinta años atrás, se la había levantado por la punta. Y al examinar su escroto, ahora níveo y colgante, no pudo reprimir una carcajada.

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