Siempre[en]medio al desnudo (VI): Leo o cómo tener la habilidad de hacer de todo

¿¡No va y me dice que para qué me manda su bio, si lo conozco más que su madre!? Aunque su afirmación es falsa -nadie mejor que una madre-, ese es Leo, JLeoncioG cuando se pone serio, y en este blog es un tipo serio. Tanto, que es uno de sus creadores. Administra a cuentagotas sus sonrisas ¡y mira que le favorecen!, pero basta que se lo digas para que se ponga más serio aún. Yo creo que en el fondo es un bonachón que le gusta generar intriga, pero eso no se lo he dicho nunca, así que, por favor, no se vayan de la lengua. En realidad, Leo milita en la fanfarronería y luego se le va con dos boberías, una buena charleta y, por qué no, una cervecita o un vaso de vino.

Leo
Leo (foto robada de su Facebook; sonriendo, claro está).

Conozco a pocos apasionados de la literatura, el cine y el oficio de informar (el auténtico) como Leo.  Él me dijo una vez, seguro que en un momento de hartazgo laboral, que a él el trabajo solo le daba de comer, que sus verdaderas aficiones las realizaba en su tiempo libre. Yo no lo creí entonces ni lo creo ahora: sé de sobra que lleva el gen de la información en sus venas y disfruta con ello.

No recuerdo exactamente el día en que lo conocí, pero desde entonces lo tengo siempre entre mis mejores amigos. Trabajamos juntos, compartimos ese amor por el oficio -aunque ahora no nos dediquemos profesionalmente al periodismo puro y duro- y, lo más importante para mí, he aprendido muchas cosas con él. Leo resume parte de sus inicios en el siguiente párrafo que no voy a manipular, of course, porque, ya saben, quién soy yo para hacerlo. (Aquí también se pone serio el chico… lean, lean…)

Una cámara Konika de 35mm y tres lentes fueron suficientes para darme cuenta de que lo que yo quería era comunicar cosas a la gente. Con imágenes o con palabras. La vida me sacó del circuito del aprendizaje y transité por un atajo profesional durante varios años. De aquí a allí trabajé como ferretero, vendedor de ropa, representante, repartidor de donuts, portero de un teatro, acomodador…. Luego, espoleado por el interés por la literatura dediqué 7 años de mi vida a sacar una carrera de 4. Y recién terminado ese proceso me abrieron las puertas en el mundo audiovisual: empecé como ayudante de producción, luego como regidor de plató, guionista, de ahí pasé a las redacciones porque igual proponía mejor palabras que imágenes y así hasta que la crisis me golpeó, de los primeros, y me mandó al paro.

Me convertí en freelance, maestro de todo y oficial de nada: corrector de estilo, redactor de notas de prensa, gestor cultural, editor de trabajos de fin de carrera y de tesis doctorales de doctores poco hábiles en el mundo de la redacción, etc. Hasta que una llamada me dio la oportunidad de compartir las cosas que he aprendido en todo este tiempo, y me convertí en profesor universitario. Mientras, no he hecho más que estar siempre [en] medio.

Amén. Yo solo quiero añadir que es de la Villa, de la Muy Noble y Leal, como Carlospu. A Leo lo puedes poner a hacer cualquier cosa, que lo hará con interés. Y, con práctica, hasta sobresaldrá. Ponlo a observar estrellas, a freír huevos, a escribir un reportaje, a diseñar una alfombra en el Corpus Christi, a presentar un libro, a ser padre… Todo lo hace bien. Si ya sonriera más sería la bomba.

PD: me debes una visita, Leo, y lo sabes 😉

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