No, no hay un Wismichu en mí

youtubersDecía el otro día una amiga, acertadamente en mi opinión, que con lo que ha pasado en los últimos días con el youtuber Wismichu se ha ‘estirado el chicle’. Y me temo que yo hoy voy a estirarlo un poco más, amén de hacerle un plus de publicidad a este señor, que ya se forra con los beneficios que obtiene por el visionado de sus vídeos en youtube.

Me ahorraré contarles de forma extensa lo ocurrido (para enterarse mejor, en caso de desconocerlo, pueden pinchar en el enlace del párrafo anterior) hace unas semanas en el Teatro Guimerá de Santa Cruz de Tenerife. Baste decir que el Ayuntamiento ha trasladado a la Fiscalía de Menores las quejas de algunos padres que presenciaron el espectáculo del youtuber para que se investigue si hubo apología de la pederastia y la violencia.

Jugando con el título del show que este señor puso en escena he de decir que no, no hay un Wismichu en mí. El youtuber me parece una versión online de ‘Sálvame’, un busca broncas con poca gracia que hace uso de un lenguaje soez, vulgar y en ocasiones machista (hasta donde he visto, que he de confesar que no ha sido mucho porque me aburren soberanamente sus vídeos). Y que conste que no descalifico el trabajo de los youtubers sin distinciones.

Por distintas circunstancias puedo decir que en los últimos meses he visto y oído bastantes vídeos de varios de estos chicos: Vegetta777,  Rubius, Willyrex, Auronplay, Wismichu, Germán… Puedo decir también que algunos me parecen entretenidos, ocurrentes y divertidos, aunque la mayoría acaban aburriéndome, claro que hace tiempo que dejé atrás la adolescencia, público al que se dirigen la mayor parte de los youtubers (pocas mujeres hay, una vez más). Puedo decir también que no todos son iguales, que no es lo mismo un vídeo de Vegetta777 que otro de Rubius y, desde luego, de Wismichu. Puedo decir que, a pesar de que me resultan un coñazo he creído mi deber como madre sentarme a ver algunos de los vídeos de todos ellos. Y puedo decir que no se me hubiese ocurrido ni remotamente dejar a mi hijo adolescente el otro día en el Teatro Guimerá viendo el show de Wismichu, de la misma manera que trato de que aprenda a seleccionar lo que ve cuando se sienta delante de un ordenador.

La productora del espectáculo, Youplanet, consideró que la edad mínima recomendada para verlo eran 12 años, un error a mi juicio. Error al que se sumó que ninguna autoridad confirmara lo adecuado o no del show para niños de esa edad y, lo más importante, error al que se suma el de padres que dejaron a sus hijos solos en el recinto como si de un espectáculo Disney se tratara.

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