10.000 horas

Malcom Gladwell (Foto de Kris Krug @ Flickr.com - CC BY 2.0)
Malcom Gladwell (Foto de Kris Krug @ Flickr.com – CC BY 2.0)

Malcom Gladwell es un periodista y divulgador canadiense, que escribe de forma habitual en la revista The New Yorker.

En periodismo eso es algo así como jugar al fútbol en la Liga de Campeones. De la misma forma que mis amigos colchoneros pueden citar de memoria la alineación del doblete, yo les puedo decir de carrerilla unos cuantos escritores que han pasado por esa cabecera: Truman Capote, Dorothy Parker, John Cheever, Susan Sontag, John Updike, etc. Durante un tiempo, cuando vivía y respiraba tinta, me hice incluso suscriptor, aunque debo reconocer que no entendía la mitad de los artículos.

Uno de los libros más famosos de Gladwell es Outliers, que en español se ha traducido como Fuera de serie y en el que su autor trata de desvelar las claves del éxito profesional. Una de sus tesis fundamentales es la llamada Regla de las 10.000 horas, según la cual el ingrediente fundamental de la excelencia es la práctica deliberada y prolongada en el tiempo. Si los Beatles llegaron a ser los Beatles, defiende Gladwell, fue en gran parte por sus extenuantes actuaciones en los garitos de Hamburgo. Y si Bill Gates llegó a ser Bill Gates no fue por su talento innato para los ordenadores, sino porque empezó a programar desde muy joven. La constancia, y no el genio, es la clave. Más perspiration y menos inspiration, que diría Edison.

El asunto tiene, tal y como yo lo veo, un lado optimista y otro siniestro. Por un lado, Gladwell sostiene que todos atesoramos en nuestro interior las semillas de la grandeza. Pero por el otro también queda implícito que si no llegan a desarrollarse es porque somos unos vagos. En ese sentido, la teoría tiene un tufillo neodarwinista que no me acaba de convencer. Por si fuera poco, la regla tiene además numerosos críticos, así como algunos estudios científicos que la contradicen.

A mí lo único que me preocupa de todo esto es que ya no me queda tiempo. Diez mil horas al día son tres horas diarias durante una década y a ver de dónde diablos las voy a sacar. Imagínense el panorama si encima les cuento que mi autodisciplina es endeble y que me gusta picotear de actividades diversas. A día de hoy no me sabría ni siquiera definir como profesional y para colmo de males tuve la feliz idea de estudiar Periodismo, que es algo bastante parecido a una todología hueca. Soy lo que los ingleses llaman un jack of all trades, master of none. Puedo hacer muchas cosas diferentes, pero no sobresalgo en ninguna. Y ya no me queda tiempo de cambiar.

Mientras me acostumbro a vivir con esa idea, pienso que Malcom Gladwell se licenció en Historia pero ha ejercido como ensayista, guionista, sociólogo y periodista. Lo mismo escribe de Michael Jordan que de la caída de Enron. Del poder de la intuición o de las tasas de criminalidad. De la epidemia del SIDA o de los mitos de la Biblia. Malcom, desde el cariño y el respeto, déjame que te dé un consejo: céntrate tío, céntrate.

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