Siempre[en]medio al desnudo (II): Carlospu, de toda la vida

No lo conozco, al menos en carne y hueso. Estas son las cosas del mundo virtual, que parece que conoces a alguien de toda la vida solo de leerlo, porque resulta que a medida que lo lees confirmas que a ti te gustaría escribir así, como me pasa también con Cuinpar, a la que ya presenté el pasado martes. Con Carlospu, Carlos Rodríguez en su DNI, tengo la sensación, además, de haber estado de juerga en más de una ocasión y no me pregunten por qué, porque su cara, la de la foto, no me suena de nada.

Carlospu, por Carlospu. ¿Quién diría que este chico es de ciencias?
Carlospu, por Carlospu. ¿Quién diría que este chico es de ciencias?
Llegó a esta casa de locos que es Siempre[en]medio a través del lobby villero. Sí, no pongan cara rara: los de La Orotava son un lobby, cada día lo tengo más claro, como lo son los herreños o los palmeros. De los gomeros no puedo hablar: no he contrastado fuentes.
Pues bien, ese lobby villero, que dirige con buenas mañas Leoncio González (ahora va y dice “¿yo? ¡qué va!”), nos presentó virtualmente hace ya año y medio a este joven que nació en la Villa, pero “en la Muy Noble y Leal, ¡ojo!”, me aclara en un correo.
Este chico, decía, que no tiene claro si explicar o no el motivo de su nick en internet (yo lo sé, pero no estoy autorizada a contarlo), me mandaba estas líneas el otro día. Y claro, quién soy yo para manipularlas.
El día que yo nací a Adolfo Suárez le dio por ganar unas elecciones históricas. Pero no fue por mi culpa, yo andaba ocupado. Nací pequeñito, circunstancia que se ha ido acentuando con el paso del tiempo. Soy de ciencias. Esto es fácilmente comprobable en mis letras y en mi cuenta corriente. A medida que se me ha ido despejando la frente se me han empezado a apelotonar las ideas. No me he reproducido aún. De nada. Escribo en Siempre[en]Medio y me desahogo en carlospu.wordpress.com. O al revés. Mis mayores hitos en la vida son: seguir siendo merengue después de años en Barcelona, seguir pidiendo whisky en la era del gintonic y seguir trabajando en un hospital siendo hipocondríaco.
Él, debe ser por pudor, digo yo, no cuenta nada sobre su exquisita sensibilidad a la hora de trasladar historias a la red. Fuentes bien informadas me han contado que es miembro de una familia muy ingeniosa y creativa. Le dan a todo: a la música, a la pintura, al humor… Sí, al humor, porque cada día me convenzo más de que el humor es un arte que cada vez poseen menos en un mundo histérico.
Esas mismas fuentes apuntan también que “es un investigador biomédico reconocido” que terminó su carrera en Valencia, “por lo que creo que el Mediterráneo nos ha robado un talento”.
A muchos nos dejó sin saliva durante un buen rato con Laia, su debú siempremediero. Pero luego lo he leído también en su Espacio Vacío y desde entonces sé que la gente de ciencias también tiene sentimientos, ¡qué gran hallazgo!
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