El niño que soñaba con ser escritor

Érase una vez un niño que nació en un pueblito canario y que no pudo estudiar. Era chico todavía cuando tuvo que empezar a trabajar. Aún así, se convirtió en un lector empedernido, que leía libros aunque no tuvieran tapas y les faltaran las primeras páginas. Así leyó La Hojarasca de Gabriel García Márquez, sin saberlo. El mundo siguió dando vueltas y el adulto convivió con el niño que soñaba ser escritor. Hasta que lo consiguió y vio una hermosa historia de amores (entre hermanos, entre hijos y padres, entre vecinos, entre amantes, entre marido y mujer) en los escaparates de la librería. El niño ya no soñaba. Ya era un escritor. El adulto es Miguel de León. El libro es Los amores perdidos. La editorial es Plaza & Janés.

El Terrero es el pueblo que protagoniza la novela, un lugar que podría ser cualquier rincón del territorio insular, más o menos aislado, en el que la solidaridad y la envidia conviven desde el principio de los tiempos. De lectura ágil, los lectores descubren los acontecimientos que marcaron la vida de los habitantes de este pueblo y una historia de amor central, en la que el silencio y el deseo se baten en duelo. Si quieren saber más, abran las páginas de Los amores perdidos y escuchen la voz de un niño que soñó que escribía. Y lo consiguió.

Los amores perdidos

 

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