Brillos apagados (microrrelato)

Se llamaba Ágata. Era preciosa: tenía una frondosa melena granate que contrastaba con el intenso azul zafiro de sus ojos, sus dientes parecían perlas y sus labios, rubí. Cuando su marido la conoció, siendo muy jóvenes, estaba convencido de que era un diamante en bruto y con los años se había convertido en una auténtica joya de mujer.

Un día, cuando él empezaba a tener el pelo color plata, habló seriamente con ella. Le explicó que la joyería había dejado de ser buen negocio, que estaba decidido a cerrarla y a abrir un Compro oro. En ese instante ella supo que ya no llegarían a cumplir juntos sus bodas de platino.

Anuncios

2 comentarios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s