¿Hasta dónde?

sanidad recortesAyer volví a ver a Lucía después de cuatro meses. Lucía es hermana de una amiga y allá por septiembre se cayó y se dañó la rodilla. La lesión fue lo suficientemente seria como para que le dieran una baja médica (Lucía tiene la suerte de tener un trabajo del que no la han despedido por estar de baja. Paco, otro amigo no la tuvo, con el agravante de que lo echaron estando de baja por un accidente laboral).

Para no aburrirles les diré que Lucía, tras pasar por varios médicos que tardaron lo suyo en determinar cuál era su dolencia, padece un bloqueo de rodilla y un esguince de ligamentos, entre otras cosas, que hace necesaria una artroscopia. La lesión le impide apoyar y doblar la pierna. Lucía vive sola, por lo que su nivel de dependencia es mayor.

Después de cuatro meses Lucía no sabe cuándo la operarán. La sanidad canaria ni siquiera ha sido capaz de derivarla aún a uno de los centros concertados que son los que están haciéndose cargo de este tipo de operaciones (¿por interés?, ¿por incapacidad?, ¿por los recortes?, ¿igual porque a ellos, los que cortan el bacalao, los atienden de inmediato cuando lo necesitan incluso en los centros públicos y el resto les importamos una mierda?).

El segundo caso que conozco me es más familiar porque se refiere a la que les habla. En el mismo mes que a Lucía me detectaron un sobrecrecimiento importante de un mioma uterino que había que extirpar con urgencia porque el aumento acelerado podía suponer que el mioma reventase (el médico de urgencias me dijo que si el dolor, que ya era importante en ese momento, aumentaba saliera pintando para el hospital). Las perspectivas que me dibujaron en el centro público situaban la operación, con suerte, para finales de enero. Yo tuve más suerte que Lucía, contaba con un seguro médico modesto que cubría la operación, un seguro que me hice hace años cuando estuve, una vez más gracias a la eficiencia de la sanidad canaria, a punto de quedarme ciega de un ojo porque el desprendimiento de retina que padecí no me lo operaban hasta unos días después (es importante saber que estos casos el tiempo juega a tu favor o en tu contra).

Estoy segura de que existen casos mucho más graves que el de Lucía o el mío. Y la película, cada vez más, se me parece a las americanas que veo desde niña en las que los desgraciados, que somos la mayoría, nos morimos a las puertas de los hospitales cuyos seguros privados no podemos pagar.

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