“Fans” o no “fans”, esa es la cuestión

Mucha divulgación científica.En los últimos meses he asistido a un debate relacionado con el entorno de mi trabajo que me ha dejado pensando, y mucho. Uno de los temas es la autocomplacencia en la que a veces caen grupos de personas que admiran lo que hacen otras personas. Los denominados “fans”, aunque en este caso hablemos de divulgación científica. Y es cierto que, a veces, nos dejamos llevar por ese sentimiento de “cuánto me gusta lo que hace esta persona”, “qué bien se explica”, “me mola cómo lo cuenta”… Ahí me quedé dándole vueltas al tema. Y más vueltas. Y más.

Imagino que me falta algún hervor porque hay cosas que no termino de entender. Si alguien hace algo que me gusta, lo digo. Pero, si esa misma persona hace algo que no me gusta, después de haberme declarado fan, ¿qué hago? Imagino que quien lea esto pensará: “Pues decirlo también”. Y, efectivamente, esa debería ser la dinámica: decirlo. Pero no de cualquier manera. Decirlo de forma constructiva. Dar nuestra opinión. Abrir un debate y un diálogo. En privado o en público. Pero lo que no podemos/debemos dejar de hacer es decir que algo nos gusta cuando nos gusta, que parece que ser “fan” de alguien ahora no mola en ciertos entornos o se confunde con el sectarismo (que lo habrá, sin duda). Otra cosa es que los demás no estén de acuerdo con nosotros. Eso ya es otro tema y no voy a entrar a debatirlo. Que opiniones hay para todos los gustos.

Así que ahí he estado, pensando mucho. Haciendo autocrítica y preguntándome denodadamente si realmente me gustaba lo que estaba viendo, leyendo o escuchando. Analizando cada detalle. Siendo muy dura conmigo misma. Hasta que me he cansado.

Porque, a ver, ¿por qué no puedo decir que Xurxo Mariño es DIOS dando charlas sobre la mente humana? ¿Por qué no puedo declararme seguidora del proyecto “The Big Van” porque me guste la iniciativa (al margen de que luego haya algunos/as monologuistas que me gusten más que otros, y tipos y tipos de humor, algunos más afines a mí y otros no tanto)? ¿Por qué no puedo decir que me gusta Órbita Laika, aunque a veces el formato y los ritmos no me convenzan? ¿Por qué no puedo más que caer rendida a los pies de artículos que leo y me remueven las estructuras por lo bien que cuentan la ciencia y la de cosas que aprendo? ¿Por qué no puedo ser fan de un/a divulgador/a?

Soy fan de Carl Sagan. Soy fan de algunas Unidades de Cultura Científica que sacan proyectos de divulgación impresionantes. Soy fan de multitud de iniciativas que quieren que la ciencia esté hasta en nuestra sopa. Me declaro fan incondicional de lo que me gusta. Y lo digo. Lo tuiteo. Y no veo qué tiene de malo. Porque ser fan no significa que no sea capaz de ver lo que no me gusta. Aunque en lugar de salir corriendo a twitter (¿se está convirtiendo twitter en el nuevo ménéame, el nuevo MAL?) y machacar a quienes no opinan como yo o a quienes han dicho algo que no me parece correcto o adecuado, sea más discreta y mande un correo o hable directamente con esa persona (y, si no me queda otra porque no tengo acceso a esa persona, lo tuiteo con educación). Porque todos podemos cometer errores. Y dicen que de los errores se aprende. Y la educación también se aprende.

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