Compañeros de vida

Hoy podría hablar de Marty McFly de la decepción que se llevaría si llegara a este 2015, del debate del domingo entre Rivera e Iglesias y de cómo quieren recuperar votos los partidos viejunos que comienzan a ver sus culos sin silla en el congreso, de la visita de Kerry y la guitarra que se llevó bajo el brazo o de la independencia de Cataluña, pero no.

Hoy quiero a despedir a ‘La más buena del mundo’ como se merece. Esa que estuvo a mi lado durante casi 17 años y en cuya trayectoria pude ver el reflejo de todos nosotros, es así, todos somos iguales, seres vivos al fin y al cabo.

Cuando llegó fue la alegría de la huerta, casi tan loca como Phoebe la protagonista de Friends que le dio su nombre, todo el mundo la adoraba, era graciosa, cariñosa y juguetona pero, como ya les conté en otra ocasión, con la llegada de los niños su lugar se fue quedando atrás hasta ocupar el último puesto de la fila. La primera vez que hablé de ella aquí tenía trece años y ya estaba sorda; en tres años largos que han pasado desde esa ocasión, también se quedó ciega, desorientada, orinaba en cualquier sitio y casi no reconocía a los que la rodeaban. Pero cuando lo hacía, se alegraba y su colita se movía como cuando era un cachorro.

Phoebe
Phoebe cuando era la alegría de la huerta.

Es increíble cuánto se puede aprender de un animal y la gran experiencia que es tener uno a tu lado. Para los niños era una más de la familia, para lo bueno y para lo malo, pudieron conocer de primera mano cómo funciona esto de la vida, un aprendizaje como pocos del que se pueden sacar conclusiones muy importantes. Valores como la lealtad, el amor incondicional, la amistad o la paciencia, saber cómo vamos evolucionando con los años y el deterioro físico y mental que conlleva y, sobre todo, tener claro que todo se acaba y que el primer objetivo en la vida debe ser disfrutarla a tope.

Yo ya se lo dije el otro día, pero no me canso de agradecerle que estuviera conmigo, que me acompañara cada día de esos 17 años y que me diera tanto amor. Ahora sé que será la única, que nunca habrá otra como ella, porque soy egoísta y no podría volver a pasar por esto otra vez. A pesar de todo, te recomiendo que tengas esa vivencia, piensa cuál puede ser el compañero más adecuado para ti (no tiene por qué ser un perro) y lánzate a esa aventura, no te arrepentirás.

 

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4 comentarios

  1. Lo siento mucho. Al mismo tiempo me alegro por cada uno de los momentos en los que fuisteis felices. Olvidamos, a veces, que la vida se mide en momentos y hay que aprovechar cada uno de ellos, los buenos y los malos.
    Después de leerte voy a achuchar mucho a Rubi, mi maltés, para crear muchos recuerdos por si se va primero.
    Aunque parezca infantil a mí me consuela pensar que me estará esperando en otra dimensión, más allá del arcoiris. Y si no, yo le esperaré a él todo lo que haga falta.
    Un abrazo

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