El jurado

3820890761_dd10950c5d_zDaban ya las tres de la mañana cuando el solista de Ritmopasión se lanzó a versionear a Elvis Crespo:

“Hoy hago el amor con otra personaaaaaaaa…”

La verbena empezaba a clarear, pero seguía abarrotada de mitad para adelante. Sin embargo, entre el escenario y el público se había creado un vacío. Aquel era el dominio de Cholito, el borracho del pueblo, que se lo había ganado a fuerza de repartir codazos. Enjuto y arrugado como un bulldog, abrazaba una cintura invisible con los ojos cerrados.

Junto al balaustre oteaban dos adolescentes, Sergio y Óscar, gritándose al oído.

– ¿Has visto a esa?
– ¿A cuál? ¿A la del traje blanco?
– Sí. Eso es por lo menos un ocho y medio o un nueve.
– Coincido pero vete olvidándote. Está con Andresito, el de la farmacia.
– ¡Qué cabrón!
– Ya ves. No hay ná como tener dinero.
– Y que lo digas. Mira al Cholito, qué bien se lo pasa.

Como si lo hubiera oído, el aludido se ajusta el sombrero, cambia la mano de apoyo sobre su compañera imaginaria y embiste a un grupo de jubiladas, que se dispersan en grititos.

…Me, me, mete y saca. Sa, sa, saca y mete…

– Aquí ya está todo el pescado vendido.
– Que no, que ahora es cuando se está poniendo bueno. Mira, allí al fondo hay otro grupo de sietes. Y fíjate en lo que viene por ahí. Dos ochos como dos castillos.

Un par de faldas abrazadas, girando en círculos como los derviches.

– Yo diría que un siete y un ocho. Pero pa’ mí que son lesbianas.
– Tú lo que pasa es que eres un cagón.
– No te digo que no, pero tengo mis razones. A la rubia la pisé el año pasado. Le faltó poco para darme una hostia.
– Déjate de mariconadas. A la rubia la invito yo, si quieres.
– ¿Nos esperamos a una lenta?
– Que no, tío que no. Que así no vamos a ninguna parte.
– Bueno, pues que Dios reparta suerte. Pero hablas tú con ellas.

Retorciéndose las manos, Sergio se acerca a las bailongas. Da un par de pasos de baile acompañando su coreografía y toca en el hombro de la rubia, que suelta a su compañera y se gira. Los altavoces se tragan la conversación.

¡Arriba esa cumbia! ¡Sabrosssssssssssuraaaaa!

Los tres miran de vuelta hacia Óscar, que disimula girado hacia el final de la plaza. Por el rabillo del ojo ve acercarse otra vez a Sergio, mientras las bailongas se vuelven a pegar.

– ¿Qué pasó?
– Cuando te lo diga te vas a caer de culo.
– Venga, suéltalo.
– Pues que dicen que tú del cuatro no pasas. Y yo tampoco.
– ¿Serán creídas las tipas estas?
– Pero espera, que viene lo peor. A Cholito le dan un seis.
– Venga ya. Pues no será por la dentadura.
– No, por la dentadura no. Por el ritmo.

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