79 años sin Federico, 79 años con poesía

En el libro, no recuerdo de qué curso, de Literatura Española del colegio estudiábamos muchos datos de la vida de los autores y poca producción literaria. Era, más que otra cosa, un ladrillo de volumen infumable. Desde la Edad Media hasta el siglo XX. Se hacía un recorrido por toda clase de poetas, novelistas y ensayistas, y el cura que nos lo calzaba a reglazo limpio se preocupaba más de recordar dónde había nacido y muerto el Arcipreste de Hita que de conocer los versos del romancero español, por ejemplo.

Con estos mimbres, a la mayoría de los chicos (digo chicos porque por aquel entonces el colegio en el que estudiaba solo era para “varones”) se les ponían los pelos como tachas cuando se hablaba de “literatura”, y con razón. Creo firmemente que esa forma de enseñar el bello arte de las letras causó la desidia por la lectura tan conocida en este país, ahora de tele y redes sociales y nunca de libros.

Un poco mayor ya, no recuerdo tampoco si en el instituto, mi libro de texto repasaba la nómina de autores de finales del XIX y principios del XX: de los románticos pasábamos a la Generación del 98, y de ahí a los modernistas y se acababa en la Generación del 27. Aquello era otra cosa.

Por alguna razón extraña, una y otra vez, mi interés se centraba en dos autores del 27: Federico García Lorca y Miguel Hernández. No sé si por su condición de jóvenes, por haber sido asesinados durante la guerra, o por su impresionante y brutal obra literaria. García Lorca y Hernández ocupan un espacio destacado en mi formación posterior, como filólogo y amante de las letras. Y ellos, seguramente, o mejor sus versos, me llevaron también a interesarme profundamente por la producción de Domingo López Torres, un autor que compartió muchas analogías, tanto en su quehacer estético como en el oscuro final de sus días.

El 19 de agosto se han cumplido los 79 años de que algún desalmado apretara el gatillo que acabó, en un camino polvoriento de la provincia de Granada, de Federico García Lorca (dicen que ajusticiado por su condición de homosexual, yo creo que ajusticiado por la condición de inhumanidad de su verdugo, ciego de la rabia y la sinrazón). Esto, los datos relacionados con su vida y su muerte, es lo que una y otra vez trasciende en la historia, por encima del verdadero valor de su existencia: la del legado creativo que desarrolló y aportó a las letras españolas.

Hace 79 años alguien borró al hombre Federico. Invito a leer (o a escuchar) sus poemas, así será imposible jamás borrar al poeta. Desde que uno lea una sola línea de ellos será imposible olvidarlo.

 

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