Cuando nos sobre el tiempo

Cuando me quise dar cuenta de que aquella sucesión de imágenes que había sido mi vida se había convertido en una amalgama informe en un rincón inhóspito de mi cabeza, ya era tarde para recuperarla. El paso del tiempo había hecho a mis canas brotar en los dos sentidos y mi cerebro ya no enfocaba con nitidez las escenas de años atrás.

WS1C4777-expFoto: Co’Report

En mis años mozos no habían inventado la fotografía o, mejor dicho, sí que la habían inventado, pero las cámaras eran tan caras y tan inaccesibles que a mi boda vino el único fotógrafo que había en sesenta kilómetros a la redonda. Apenas conservo un par de estampas de aquel día, en blanco y negro, por supuesto, y con los bordes raídos por la edad, como mis huesos.

¿Cómo no nací yo en esta época de sopas en Instagram y selfies en Facebook? ¿Cómo no se me ocurrió llamar a aquel hombre y decirle que las fotos que quería eran las de mi día a día, las de despertar con mi marido y mis hijos, las de cocinar aquellos pucheros en invierno mientras afuera llovía a cántaros? Uno nunca espera que esas situaciones cotidianas vayan a terminar de un día para otro y seguir vivo para olvidarlas. Y es ahora, que me sobra el tiempo, cuando me doy cuenta de que las imágenes a las que me gustaría dar foco, luz y matiz nada tienen que ver con sonreír a la fuerza o descorchar champagnes. Que lo que querría de verdad sería revivir mi rutina. Esa que tanto me aburría.

No creo que olvide a las personas que amé, pero sus retratos son cada vez más difusos, más simplificados, como si las hubieran retocado con photoshop haciendo desaparecer las marcas, los lunares, las arrugas, la expresión. Ya solo mantengo el recuerdo del concepto, del conjunto de conductas y gestos. Poco más que siluetas. Ni siquiera soy capaz de recordar mi propio rostro de jovencita aunque cierre los ojos con fuerza.

Ahora que me sobra el tiempo, las fotos servirían para traer del pasado lo que mi memoria ya no es capaz de recuperar. Por eso, si tú puedes, si tienes la oportunidad, no escatimes. Documenta todo, las sonrisas espontáneas, los colores de tu pelo, las arrugas de tu piel. No te dejes detalles, porque esas fotografías van a llenar tu mirada de vivencias cuando seas tú a quien le sobre el tiempo.

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Un comentario

  1. Recientemente tuve un día afanado solicitándole a una persona rescatara fotografías de mi pasado, que por motivos varios y ajenos a mi voluntad no poseo. He pensado mucho en este reportaje porque de algún modo ya lo he vivido, he notado esa falta de detalles en las imágenes que atesoran mis recuerdos e incluso la imagen que sobreviene a mi mente cuando pienso en mi vida no es la jóven de 15 años ni tampoco la adulta de un poco mas de medio siglo . Cuantos tesoros espontáneos, sin poses ni sonrisas forzadas, ni mucho menos de la actual manera de poner la boca cuando se toman un selfies… Bravo por cada recuerdo de esos naturales, espontáneos y sensibles con afectos y emociones genuinas que son captadas por el lente de este maravilloso instrumento. Bravo por estas líneas del artículo que toca las fibras profundas del mapa cerebral y los tesoros q almacena contada con la sabia retrospectiva y difusa imagen en el recuerdo

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