Adiós Genaro

Igual antes de apagar la luz e irse a la cama Genaro revisó los aparejos, miró en el congelador y sacó la bola de masa que había metido allí dentro al frío hace algunos meses y la puso en un plato sobre el poyo de la cocina. Se quitó la ropa y se metió en la cama, pensando que igual la marea al día siguiente le fuera favorable y podría echar una buena pesca.

Aún no había amanecido, puso de nuevo los pies descalzos en el suelo frío . Se vistió con la ropa que había dejado sobre la silla y salió de la habitación despacito, para no despertar a su mujer. No desayunó porque cada minuto robado a la mañana era un minuto perdido de lances y recogidas.

399863_10201083086257749_79001912_nCuando llegó al pesquero, el salitre le acarició la cara. Sintió un placer casi inexplicable que venía en forma de miles de gotas de agua salada y fría. Y en un momento de esa mañana, no sabemos cuándo ni cómo, si fue un margullo, un resbalón, si fue un desvanecimiento, o nada de eso, en un preciso instante, en el que no sabemos si sonreía o no, se produjo el “stop” de Genaro, un paro repentino e imprevisto que puso fin a su existencia aquí, en aquel preciso lugar de marea, de rocas, de agua, de riscos, de peces, de anzuelos, de cañas y de sol, en el que tantos buenos momentos pasó.

Y fin. Esta es la vida.

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