Usuario tipo 1

Tiene Facebook porque si no lo tienes no existes, y lo sabe. Cuando se enfrenta al rectangulito ese del ¿Qué estás pensando? se le pone un rictus alargado, posa las manos sobre el teclado, mira hacia la luz que entra por la ventana, cruza las piernas debajo de la silla… y en el momento justo en el que debería empezar a presionar las teclas es cuando se da cuenta de que no piensa (nada). O de que es imposible escribir ahí cualquier cosa que pase por su cabeza, porque habitualmente no pasa nada interesante. Una vez se ha dado cuenta de esto, comienza su periplo de todos los días: “a ver qué ponen éstos aquí hoy” y navega y navega por su timeline, mirando con detenimiento todas y cada una de las cosas que “otros” (“se ve que no tienen nada qué hacer”, “la gente vive enganchada a las redes sociales”, “antes era otra cosa”) han ido compartiendo.

Pero no pone a nada “Me gusta”, no sea que aquella persona [que está entre su lista de amigos porque le ha pedido amistad virtual insistentemente, pese a que cuando lo ve por la calle ni siquiera lo saluda] piense que lo que ha colgado le puede resultar interesante, o llegue a alimentar su ego, o esa persona crea que le interese, que le tira los trastos, o que le va a pedir dinero, o que…

Tampoco comenta nada, nunca, ni para bien ni para mal; pero se enfada enormemente con lo que dice la gente ahí, carga tintas contra los vecinos porque contradicen algo diferente a lo que opina (pero no lo comparte) e incluso sigue en estrecha vigilancia a aquellos individuos que “creía que eran personas interesantes y resulta que son de izquierdas”.

Jamás elimina a nadie de sus listas, no sea que algún día pongan algo y se lo pierda.

Pero de un tiempo a esta parte ha encontrado ya su verdadera vocación en la red. Ya puede hacer algo. Ya se encuentra lleno/a (lo pongo en masculino/femenino porque el Usuario tipo 1 tanto puede ser un hombre como una mujer), porque en realidad, con lo que ha aprendido a hacer, ha tomado un papel protagonista.

Foto de Encarneviva, denunciada por alguien esta semana en Facebook
Foto de Encarneviva, denunciada por alguien esta semana en Facebook

Y esa mañana, cuando ha conectado el portátil, en su muro de la red social, le ha salido una foto, exuberante, de una mujer de bellos ojos que se pellizca los pezones. Ha sentido un extraño placer, se ha quedado mirándola fijamente, atraído/a no sabe bien por qué. Incluso fue a por un café mientras ella permanecía inmóvil en la pantalla. A las vueltas de la cucharilla y con la marea del café girando vertiginosamente, percibió cierta agradable sensación que mezclaba conceptos como calor, paz, tranquilidad, sensualidad, cariño… en fin, belleza.

Minutos después, extasiado/a en el oculto disfrute de la bella imagen, consciente de esos minutos profundos (similares a los que cualquier persona normal puede experimentar en cualquier galería o museo), abrió la herramienta -recién aprendida y de la que es ya un experto/a en usar, y que por supuesto se hace de forma anónima, oculta- que te propone la aplicación y activó el modo denuncia porque “se trata de desnudos o pornografía”. Y lo hizo para que la eliminen automáticamente, no sea que el resto de los 400 millones de usuarios de Facebook pudieran llegar a sentir, de manera tan agradable, lo mismo que él/ella.

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