Eugendro

Los humanos ponemos nombre a las cosas, las señalamos, decimos “oye, ahí estás” y entonces se nos aparecen. ¡Es tan difícil saber qué va primero, si la mención o el objeto! Wittgenstein dice que los límites del lenguaje son los límites del mundo; parece un disparate, pero si lo piensas un poco nos pasamos los días apalabrando cosas y convirtiéndolas en realidades absurdas, caprichosas, exquisitas o extrañas.

Mi hermano y yo siempre dijimos que el primero que tuviera un hijo lo llamaría Eugendro, Eugendro Padilla. Desde el momento en que lo nombramos, él, de alguna manera, existió. Ese nombre me ha acompañado todos estos años, zumbando insistentemente en mi cabeza. El entrañable Eugendro. Lo imaginaba en la guardería, en la fiesta de fin de curso del colegio, yendo a la Universidad de La Laguna en guagua y también acompañándome a buscarle un coche de segunda mano en un concesionario tipo americano. El primer coche de Eugendro. Qué emoción.

Eugendro es un ser humano normal, pero también un personaje de ficción. Como yo, que hoy vuelvo a escribir en el blog. Aquí contamos historias y esas historias a veces se hacen realidad, otras no y en ocasiones caen sobre nosotros como la lluvia suave y tenaz, con permiso de Ana Laan.

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