Cosas que lamentar

La foto está sacada de la web oficial del Partido Socialista Obrero Español

El sentimiento de tristeza ha sido, una vez más, profundo y doloroso. Es verdad que no lo conocía, apenas crucé con él dos o tres palabras (recuerdo en el Circulo de Bellas Artes de Madrid en la presentación de un libro hace mucho ya), y que a parte de su sonrisa característica y la calidez de su trato, me interesó mucho su forma de ver la vida, la cultura.

Era hijo de uno de los artistas más grandes que tiene Canarias. Su padre también político, también agradable en la cercanía, también cálido en el contacto cercano. Él quiso eliminar de su nombre, que es nuestra marca personal, su apellido para liberarse quizás de rémoras basadas en las comparaciones y analogías. Éstas suelen ser casi siempre erróneas, castrantes y limitadoras, y él puede ser que quisiera -no sé cuándo- ser él mismo, y nunca el hijo “de”. Por más que la talla humana de su padre fuera inmensa y seguro que él mismo así lo pensaba.

Soy, o fui, periodista, ahora ya no, y en esa condición siempre defendí nuestra imparcialidad ante la cercanía a los políticos. Incluso he abogado por marcar una “distancia” con ellos, máxime que en ocasiones he tenido que trabajar a sus órdenes. Siempre dije, porque se lo oí a uno de mis maestros, que los periodistas no pueden ser amigos de los políticos. Ni de los malos, por supuesto, ni de los buenos. De otra manera sería imposible hacer bien nuestro trabajo, porque debemos informar siempre con la cabeza y nunca con el corazón.

Sin embargo, como en la vida, como siempre, hay excepciones que confirman esa regla (hay muchas más de las que debería, y hay más periodistas amigos y amantes de políticos de los que sería deseable). Y entre estas excepciones, y ahora lo dejo aquí por escrito, está mi admiración hacia Pedro Zerolo. Su trabajo por la igualdad social trasciende a las siglas de su propio partido, organización que me genera más dudas que otra cosa, ni de cualquier otro, incluso a cualquier ideología; su cercanía, su trabajo y su capacidad humana han sido virtudes que admiro profundamente en un representante público.

Repito que un sentimiento de tristeza me embargó profundamente la semana pasada, porque, pese a que en todos los titulares salían las palabras “político” y “PSOE”, creo que nos ha dejado un hombre bueno (soy consciente de que hago un juicio personal y por eso pongo “creo”)

Y esto es de lamentar.

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