La fiera está cansada

El monstruo que hay en mí se agotó de salir. Pudieron con él las discusiones constantes, las malas caras y los desplantes. La paciencia, que es grande, se agota. En vez de dar rienda suelta al ser endemoniado que me invadía hasta hace poco, el engendro se tumba esperando a que alguien le rasque la panza. Quiere escuchar palabras de cariño, que alguien le preste atención y le consuele. Que lo abracen y se sienta apoyado.

El bicho se ha hecho pequeñito, insignificante, le faltan las fuerzas para rugir. Quizá nunca debió hacerlo, puede que esa furia jamás tuviera que mostrarse…

Alien
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