Gol por toda la barba

Riudoms2015
Orgullo ceutí

Es casi la una de la tarde en el Baix Camp tarraconense y el sol, que se ha empeñado en  mayear abril, cae inconsciente de sus problemas de peso. La barrera está tardando más tiempo del acostumbrado en colocarse. Algo barrunta, algo quiere aplazar. Da igual. El gol llega.

Un espectador poco avezado podría culpar a la humedad del césped o a las piernas que de repente se abren cuando deberían bloquear. Alguien con mejores intenciones, o más experiencia en esta competición, adivina intención en el tiro raso, en el cambio de estrategia tantas veces fallida, en la cepa del palo ganándole en sabor a la escuadra. Un romántico evocará al Gaúcho y sus ocurrencias de Champions para tumbar alemanes.

Solo tiene 11 años y ya deja escapar su rabia al celebrar. 11 años y ya me ha hecho sufrir más en verde que la suma de todos los partidos que he visto en mi vida.

El pasado fin de semana se jugó en Riudoms (Tarragona) el XIV Campeonato Nacional de Selecciones Autonómicas de Fútbol femenino sub-12. Fútbol sin machangadas. Un fin de semana en el que dejarse la garganta en la grada e ir aclarándola con cervezas (con alcohol mientras los mossos no se enteren). Emoción sin chequeras ni contratos, sin derechos de imagen. Tres días en los que no me dio vergüenza enfundarme en una bandera (banderas… con el cachondeo adecuado pueden estar hasta bien). Partidos, muchos partidos. Con caños, escuadras, palos, faltas, lágrimas y risas incontrolables. Con abrazos sinceros camino de los vestuarios y entrenadores que animan a la derrotada antes de ir a celebrar con las suyas. Con jugadoras que tardan menos tiempo en desear al rival suerte en la final que en darse cuenta de que han perdido la semifinal. Con selecciones que celebran haber ganado al menos un partido y con él la entrada a Port Aventura. Con dueños de bares que abren solo para que los aficionados de la selección que acaba de eliminar a la suya puedan celebrar como merecen. Con árbitros que dialogan y sonríen y aciertan y se equivocan. Y con el único elemento que puede estropear la fiesta: los padres.

Cualquier anécdota de estas daría para unas líneas, un post, una historia, un recuerdo. Aquí está todo. Yo ya he empezado a olvidarlo. Estoy haciéndome mayor y he decidido empezar a seleccionar memorias. Me quedo solo con un gol (minuto 1:06). Uno con la zurda. Un gol que pasa bajo una barrera de niñas que eligen saltar. Uno que da unos ligeros botes antes de besar la red. Un gol que no basta para una final pero sí para una promesa: “Si marco te recortas la barba, que así estás muy feo, tío Carlos”. Y bienvenido sea. Quizá es que, como dicen los Manel:

Els anys, en fi, ens han fet com homes i, malgrat que ningú ha procreat / vaig pensant alternatives, per si mai es dóna el cas.

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