Maneras de vivir

De Kant se dice que se levantaba todos los días a las cinco de la mañana. Iba a la universidad a las siete, trabajaba de nueve a una y salía a dar una vuelta a las tres y media por la avenida Lindenallee de Konigsberg. La recorría exactamente siete veces de ida y otras siete de vuelta. Jamás se metía en la cama después de las diez, ni tampoco antes. Nació y murió rodeado de los mismos vecinos.

A los pies de mi cama hay una colección de pelusas de un tamaño monstruoso. Mi nevera es un páramo siberiano. Tengo los ojos laminados de rojo vidrioso, me piso las ojeras y en mis oídos late el zumbido permanente de la adrenalina. Mi barba es un despropósito enmarañado.

Por eso a veces, solo a veces, me gustaría ser como Kant. Menos mal que viene la música a rescatarme.

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