Ciudadanos de primera fila

Varias filas reservadas en las fiestas del Cristo de 2010.
Varias filas reservadas en las fiestas de 2010.

Cómo somos en mi pueblo. El ayuntamiento deja de reservar las primeras filas de asientos en los actos públicos y la gente de La Laguna estalla en un sonoro aplauso. La ovación quedó patente, tal como recogen los periódicos, el viernes de la semana pasada, durante el concierto de la Orquesta Sinfónica de Tenerife en la plaza del Cristo. Qué cosa. Ya te pueden fundir a impuestos y pararte la licencia de apertura ad eternum que si al final te dejan sentarte a los mismos pies de Chago Melián todo está perdonado. La mayor parte de la población ni aparece por las mesas de participación ciudadana; ni se te ocurre aportar propuestas para el plan general de ordenación a menos que te toquen lo tuyo y jamás has solicitado información por escrito a tus gobernantes. Eso sí, cuando dicen que te van a dejar la primera fila para ver a Manolo Vieira saltas, gritas y hasta tiras un par de voladores, cosa que te pierde y que ahora puedes hacer a todas horas porque estamos en fiestas.

De pronto, la gestión pública teniendo en cuenta a las bases sociales se ha reducido a un me siento contigo para ver el certamen Miss & Míster La Laguna y Aguere. El asunto es la comidilla en todos los actos programados para las fiestas:

—Míralos, qué humildes son, que se ponen aquí con nosotros, sudando y apretujados. Ellos que podrían estar allí delante como reyes y han dejado el lugar a esa gente que… ¡Coño, si son todos cofrades!

Es lo que tiene. Vete a coger sitio ahí ahora que se han ido los políticos. Por muy pronto que llegues siempre están ellos antes, montando guardia, poniendo bolsos y fulares para ocupar asientos. Mirar a la primera fila de un concierto en las fiestas de La Laguna es como contemplar la cola de una procesión de Semana Santa. Dicen que cuando Melián entonó el otro día el Ave María, se pudo ver un aura blanca que cubría por momentos la parte delantera del aforo, rebosante de espiritualidad. Yo, sin embargo, me inclino a pensar que lo que brillaba era solo caspa, mucha caspa.

El caso es que pienso que nos la han colado. Estoy seguro de que esta iniciativa, que en apariencia persigue el descenso de la clase política al mundo terrenal, tiene un único objetivo: el escaqueo. Es un plan maestro. En la primera fila estás totalmente expuesto, la plebe te controla, vigila tus pasos y ya puede ser un truño de acto que te lo tienes que comer de principio a final. Ahora las cosas cambian. Te puedes dejar ver un rato al principio y luego desaparecer entre la muchedumbre; decir que vas al baño o que tienes una llamada importante y escapar sin dar más explicaciones. Ya nadie vendrá a darte el coñazo preguntándote por una multa o una licencia de obras, porque no estarás ahí y no será fácil encontrarte. Y si no quieres ir a algo, pues no vas. Antes hubiera quedado un puesto vacío, pero hoy sabes que lo ocupa un cofrade.

No nos confundan. No se trata de sentarnos delante para asistir como pasmarotes a su espectáculo, se trata de poner a la ciudadanía y sus intereses en la primera fila de la política. La pregunta es: ¿están dispuestos a dejar libres esas sillas?

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