Los fardos

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Dibujo de Irene León

La mochila cargada. Cargada de desilusiones, de dolores, de puñaladas que aún gotean sangrasa. Fardos y fardos de cosas que arrastramos casi por inercia. Cosas que nos hacen ser como somos, y no como quisiéramos ser. Las circunstancias que decía Ortega, serán. La mochila que pesa y que te activa la ciática hasta que te retuerces de dolor y de mala leche. Las cuentas sin saldar que se quedan apuntadas en un libro contable cuyas páginas pesan cientos de kilos. Debe, haber y saldo escrito con letras grabadas a fuego que no se borran ni con agua caliente.

Y para darnos cuenta ¿qué hace falta? ¿cuál es el detonante? ¿Cómo nos libramos de ese maldito peso?

¿En qué momento nos sentimos ligeros y libres? y ¿salimos caminando por aquella senda sin preocuparnos de que hemos dejado atrás las cajas, esas cajas que ya apestaban a humedad y a guardado?

Y si lo consigues, igual te queda esa sensación que me han dicho que les sobreviene a los amputados, que les pican las extremidades que ya no tienen. Un día te despiertas sudado, con el corazón en la boca, porque en el sueño (maldito inconsciente) de repente te cargabas de nuevo esos paquetes, y te aplastaban hasta decir basta.

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Un comentario

  1. A mí me gusta esa filosofía oriental que te dice que tu cuerpo y mente deben estar ligeros siempre, como si tuvieras una mochila pequeña con tus cosas siempre preparada para marcharte y con eso fuera más que suficiente!!!!

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