195.000

Ciento noventa y cinco mil españoles pusieron en la noche del pasado domingo, casi cerca de la hora bruja, La 2 de TVE y permanecieron, al menos algunos minutos, frente a la pantalla, hipnotizados por el mensaje que César Manrique lanza en Taro, el eco de Manrique, el documental que dirigió y grabó Miguel G. Morales el verano pasado y en el que la voz del artista conejero conforma más del 70% del metraje.

No sé cuántos de esos 195.000 paisanos nacieron después de que aquel Jeep impactara contra el coche de César en Tahiche. Y no sé cuántos de ellos lo oyeron, mientras estaba vivo, por la tele o por la radio, gritón, incómodo. Pero viendo las reacciones post-emisión muchos de ellos lo han incluido ya en su imaginario colectivo, junto a esas figuras reivindicativas que nos enamoran y atraen.

Miguel G. Morales ha hecho muchas películas, más de 13 creo. Yo lo he acompañado en algunas de ellas. En esta también. Pero creo que Taro es su primer documental. Que las otras fueron acercamientos, indagaciones, pruebas. En su trabajo se mete bajo la piel el contenido de sus guiones, y durante meses, acaso años, sólo piensa y habla de ellos, acaso sólo se alimenta de ellos.

Durante una semana, el verano pasado decía, nos fuimos con él (Jorge Rojas y Desiree Martín como cámaras, Ivo Vinuesa como ayundante de dirección y guionista, Fabián Yanes como técnico de sonido y Aarón Mayo y yo como productores) a Lanzarote (Pero además hubo otro equipo en la sombra, grande formado por Mary, Isa, Paco, Mathias, Ely…) A llevar la voz de César en un altavoz sobre un coche viejo, gritando al aire cosas serias e importantes. Trabajamos mucho, de sol a sol, y llegó un momento que casi éramos César pensando y actuando. Y repetíamos una y otra vez: ¡Parar ya! 

Luego vinieron los estrenos, las candidaturas a los Goya, y esta emisión de ayer en la que casi 200.000 personas escucharon el eco de Manrique. A los que no hayan podido verla, además de por todo esto que he escrito aquí, se las recomiendo enormemente. Vale la pena. Para verlo todo de otra manera, y decir, otra vez y bien alto: ¡Parar ya!

Aquí les dejo el enlace de la serie Imprescindibles por si quieren verlo entero.

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2 comentarios

  1. Lo vi cuando se proyectó en el Puerto de la Cruz. Pese a los problemas técnicos del principio, el respeto y el silencio del público que llenaba la sala ‘Timanfaya’ -qué nombre tan apropiado, ¿verdad?- expresaron la garra del largometraje de Miguel. La garra que (les) transmitió César. La rebeldía, la gallardía, la disconformidad… Cuando finalizó y empezamos a aplaudir, nos dimos cuenta de que el suyo no ha sido un canto truncado.

  2. […] No sé si esto era lo que César Manrique pretendió en un principio, que cualquiera tuviera la osadía de perderse en su malpaís. Que una obra que más que humana tiene toda la pinta de ser geológica pudiera hacer llegar a sentir. El poder del mimetismo. Vete tú a saber. Otros lo han intentado averiguar con mucho más jeito que yo (¿verdad, JLeoncioG?). […]

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